Desde la torre de marfil. A Barcelona, una ciudad sin alma

Vista general de la Vila Olímpica, proyecto emblemático del modelo Barcelona . Septiembre 1992.

Fuente: Archivo Fotográfico Martí Llorens.


Memorias

Las primeras imágenes que recuerdo de Barcelona, son la Plaça Sant Jaume, ya que mis padres vivían detrás del Ayuntamiento, y más tarde para cuidar a mi abuelo se trasladaron al Carrer dels Arcs. Durante estos años sentía que la ciudad me pertenecía, desde el balcón podía percibir la Catedral, y las campanadas horarias recordaban el crono de una vida sin sobresaltos. Podía salir a jugar delante de la misma con otros niños, sin el menor problema. Era una vida de vecindad, que a pesar de ser un niño me hacía feliz. En la calle había un tejido de tiendas y talleres, que daban vida y trabajo. Debajo de casa estaba la emblemática librería Porter, que tenía un patio interior y no sé por qué, me gustaba orinar desde el piso en el que estábamos, hacia el patio. El ruido que provocaba, era como una música celestial que me cautivaba. En la misma calle estaba la mejor tienda de la ciudad de estilográficas, lápices, y utensilios para escribir. También en la misma escalera había una óptica, una academia de costura, y un taller en donde se fabricaban maniquíes. Todas estas personas se defendían bien, de una vida dura para una mayoría de la población. Para los niños, aunque no les expliquen lo que sucede y más en los años que yo he vivido, los silencios también les hacen pensar. La primera señal de alerta que recuerdo, es la señora que venía a ayudar a mi madre, que le tenía mayor afecto que cualquier otro familiar. Vivía como mucho a unos trescientos metros de donde estábamos. Expropiaron la finca, y se fue a vivir a unos bloques de viviendas que edificaron por Poblenou, delante del mar, al lado de barracas cuya población mayoritaria eran gitanos. Estaba muy contenta ya que disponía de un piso, que según ella era mejor que en el que residía que no recuerdo cómo era. Dejó de venir periódicamente y para mí fue como el primer abandono de una persona que me hacía feliz, aunque era más exigente que mi madre. El contacto siguió a lo largo de la vida de mi madre, fui varias veces a comer a su piso, de una finca de una construcción muy mejorable en plena dictadura. Recuerdo, al salir al balcón, el olor del mar y de los barcos cargueros que navegaban, esta imagen era infinitamente más hermosa que el desastre del Puerto Olímpico. Philippe Diolé, explorador marino dejó escrito: “el espacio, el gran espacio es el amigo del ser”. Cuando pienso ahora en esta casa, es como un espejo que se empaña. El alejamiento de Ramona, ya que se llamaba así, fue mi primera alerta de que algo pasaba. El golpe definitivo llegó con la construcción del Col.legi d´Arquitectes de Catalunya. Ver como crecía el edificio desde el inicio he de confesar que me disgustó en sobremanera, a pesar de que mi padre era del gremio. Mi percepción era muy inquietante ya que siempre he preferido los solares a los tochos, ya que el espacio libre es más proclive a la imaginación. Hubo un debate que me parecía absurdo, respecto a la fachada con los dibujos de Picasso, y el mamotreto del edificio que rompía el equilibrio del gótico fabricado. A pesar de no saber nada, con el tiempo he sabido que todo esto estaba perfectamente pensado por esta burguesía estafadora que ahora ha desaparecido con los fondos de inversión. La vida, que hace de soporte para sobrellevarla, tenía alicientes como el poder visitar a vecinos, y comer las aceitunas que preparaban antes de la comida. Sí, había un flujo reflujo de convivencia, entre todos, entre vecinos y vecinas. El que tenía delante venía cada día a recoger el diario del día anterior, que le dejaban mis padres. Era una persona con la que siempre mantuvimos una relación más que familiar, hasta su fallecimiento y le guardo siempre un recuerdo de lo más entrañable ya que para mí es imborrable. Era el extraño del grupo, soltero y sus amistades eran todos varones, creo que algún vecino le criticaba, pero al ser un niño no recuerdo nada en concreto.

Las ideas se trasladan con una mayor rapidez a medida que el espacio-tiempo se acorta. La burguesía catalana siempre ha sido muy viajera, y se apuntó con toda rapidez a la observación de las exposiciones celebradas con anterioridad en Londres, y París. Los rituales y objetivos que no eran otros que ensalzar el nacionalismo imperial del momento. La idea entusiasmó, y con la ayuda de los políticos del consistorio, y los copiones de turno, se enzarzaron para poder conseguir la primera exposición en 1888. Vamos, el mismo sistema que las vacunas milagrosas en estos momentos. El objetivo no era mejorar la vida de los ciudadanos, ni mucho menos. El fin último fue el inicio para vender la ciudad a los viajeros. Paso a paso, pero siempre con la misma idea enfermiza, fabricar una ciudad teatro, para hacer creer que la hermosura y la simetría, con la mona de la Sagrada Familia, haría las delicias de los cosmopolitas, de un mundo vírico, hasta llegar a la actualidad. Barcelona Posat´Maca, y la Millor Botiga del Mon, son el resultado de toda esta fauna de publicistas que pululan por el Principat. Barcelona, es el resultado de una mirada fácil de la burguesía, en donde el negocio rápido siempre ha sido urbanizar el suelo pensando en el turismo y expulsando vecinos, con sus raíces familiares, los recuerdos, los espacios silenciosos y alegres, también desterrando negocios y formas de vida en el que había infinidad de talleres como ciudad industrial que era. Nunca entendí en su momento el motivo de la expropiación de toda una calle, y la mala fortuna de estar ubicados en los números impares ya que estar al lado del nuevo edificio se convirtió como un protector talismán, y no se merecía la expulsión. El argumento era de lo más peregrino. El Reial Cercle Artistic de Barcelona fundado en 1881, se tenía que ampliar. Y como un ejército, que ocupa una zona, se conquista y a callar. Como toda contabilidad que se aprecie tenía una caja b, y no era otra que la del juego que estaba prohibido, pero ya se saben todos los tabúes, están para saltarlos. Los vecinos se quejaban que de madrugada salían vociferando, por una dosis excesiva de alcohol, en fin, en Barcelona, en según qué sitios, siempre ha existido el problema del derecho al silencio para los que empiezan a trabajar a las ocho de la mañana como poco.  Recuerdo las reuniones de vecinos y vecinas para defenderse de su expulsión, con unas indemnizaciones ridículas, para semejante atropello se contrató abogados, pero a mi padre le escuche decir en varias ocasiones, que no había nada que hacer, y me ponía muy triste, ya que la idea de marchar era perder unos lazos de convivencia que ya intuía que jamás los volvería a recuperar, ya que las relaciones con los próximos con la vida impuesta que se lleva, es en mi caso inexistente. Poco a poco la casa olía a muerte. El día del cambio de residencia estaba en la propia ciudad a unos siete kilómetros de la misma, a pesar de que objetivamente mejoramos por las vistas y el poder disfrutar de varios árboles y plantas, pero eso no me hacía la menor ilusión ya que me considera como expulsado de un entorno que amaba. El día fatídico lo recuerdo siempre, ya que coincidió con la Guerra de los siete días, como siempre en aquellos momentos me interesaba la política exterior, ya que la del Estado, era un lago putrefacto insoportable. Iba al colegio con el transistor para poder escuchar cuando podía la evolución del conflicto. Fue para mí un viacrucis, ya que siempre a lo largo de mi vida estoy con los perdedores y sigo, no hay manera de poder abrazarme con los que siempre ganan. Durante años no he podido pasar delante de la vivienda, ya que sólo quedaba la última pared y que todavía conservaba el color de la habitación. Tanta prisa para posteriormente no hacer nada, era muy doloroso, y siempre imaginaba subir las escaleras peldaño a peldaño, para recordar las puertas de entrada de los vecinos que tanto quería, con sus olores correspondientes, ya que cada casa tiene un olor que la caracteriza.

Unas décadas después llegaría la macro reforma urbanística que conoce Barcelona impulsada con los Juegos Olímpicos de 1992. Los motivos del entusiasmo general de la población respecto a unas Olimpiadas, taparon un urbanismo que solo pretendía las ganancias para unas élites locales y globales. En mi modesta opinión, en un marco político, en que la ciudadanía es un decorado, la posibilidad de un urbanismo de vida sana, en el sentido extensivo de la ciudad, es muy difícil.

La ilusión como objetivo distorsionador

Pensar la remodelación urbanística de la fachada marítima de la ciudad de Barcelona, implicó implementar una carga de marketing publicitario, nunca vista, que operó además como catalizador previo y a posteriori. Confluyeron todas las instituciones estatales, autonómicas, y de la ciudad. Cada una rivalizaba para obtener el mayor prestigio, arropadas por la colaboración de más de 35000 voluntarios para los Juegos Olímpicos. En la obra Breve historia de la mentira, Mario Bettetini, observa que, desde San Agustín, se sabe que la mentira no depende de la verdad o falsedad de lo que se dice, sino de la intención de quien lo dice. El alud de información previa a las Olimpiadas, y la cantidad de maquetas y planos respecto a lo que se quería construir, hace recordar al texto aristotélico, en el que el mentiroso puede serlo no sólo con palabras. La convicción que se utilizó desde las instituciones, con la colaboración entusiasta de los medios de comunicación, torna lícito traer a colación lo que nos recuerda Luigi Pirandello: “Se cree verdad lo que se repite con convicción”. Así fue fácil colar a gran parte de la población, mensajes absurdos, como que la ciudad vivía de espaldas al mar, y que se situaría a Barcelona en el mapa mundial.

Durante años se dijo y todavía se puede escuchar, que la ciudad se había embellecido, era hermosa. Olvidaba lo urbano, que no es una esencia, no es una sustancia, es el conflicto social. La belleza ocultaba otras realidades, era el efecto catártico a cualquier valoración desviada. El sueño es más poderoso que los pensamientos, y estuvo arropado por una eficaz política del espectáculo. Previamente se encarcelaron y torturaron a personas con un largo compromiso político, a pesar que ETA, dio garantías que su organización no actuaría durante las Olimpiadas. Para tener una idea de la presión mediática de toda esta travesía histórica de la ciudad, en enero del 2021, Maragall cumplió 80 años, y los medios de comunicación en plena pandemia, hicieron programas especiales recordándolo como el mejor alcalde de todas las épocas que ha tenido Barcelona. Es pertinente recordar que su partido lo echó de la Presidencia de la Generalitat, ya que lo encontraba demasiado federalista, él posteriormente se dio de baja del partido. Maragall, provenía de una familia burguesa de Barcelona, y como tal su formación la redondeó en Nueva York, y sus grandes ideas fueron la mimesis de sus observaciones en este país.

René Girard, enmarca el deseo, como imitación del deseo del otro, por esto no es de extrañar, que Barcelona, influya en ciudades más pequeñas dentro de su propio marco espacial. No se entendería nada sin un croquis de mínimos, en la sintonía política y empresarial, que cristalizó el proyecto ideado y realizado por unas élites, que contrataron a técnicos a su servicio. Detrás de esta ciudad ideal e ideada por técnicos y políticos, hay una infinidad de aristas que se pueden tratar para no caer en los tópicos de la historia oficial, que exponen la otra cara de la realidad que incide directamente en los bolsillos agujereados de la ciudadanía mayoritaria.

Del espacio concebido al espacio vivido

Retomo una mirada panorámica de un tiempo muy concreto que coincide con los años de una generación que ha vivido una trasformación de la ciudad, nada original que se podría llamar el fordismo urbanista, ya que se han aplicado las recetas de los expertos, similares por todas las esquinas planetarias. La globalización impone fichajes estrellas, para poder vender los mismos espacios construidos, como el pescador que lanza el anzuelo para que lleguen los deseados fondos de inversión, y asegurar el negocio rápido. El binomio experto- administración, ha trazado una disciplina urbana, cuyo resultado es el marco actual de una ciudad pandémica. El urbanismo en un mundo liberal, parte de una contradicción insalvable, necesita planificar espacio-tiempo. La utopía socialista, pretendía, y pretende, planificar la economía para que la población pueda ir ganado estadios de bienestar. El capitalismo, utiliza esta caja de herramientas para poder planificar, pero el objetivo no es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. La meta es mejorar la rentabilidad económica de los inversores.  El viejo poder continúa operando en los intersticios, y en las zonas de sombra de un Estado, que en la dictadura murió con todos los honores. La democracia, es una entelequia que se ha de conquistar. Cada día se aplican sentencias judiciales con expropiaciones de los más pobres que quedan en la intemperie. El monstruo dormita en la Administración, es un rodillo implacable con el objetivo de hacer crecer el dinero. Las diversas administraciones utilizan a los expertos, que también los estamos padeciendo en la actualidad, se les somete a una presión no solo por parte de los que les contratan, también por los medios de comunicación, y por la opinión pública, que les exige el veredicto certero, ya que son los ojos de la imparcialidad, para poder solucionar cualquier contratiempo, o como en el caso del urbanismo, planificar la ciudad, en beneficio de una minoría, pero para hacer creer que es una ganancia para todos.

A los técnicos que presentan proyectos, se les hace creer, a modo schopenhauriano: “el mundo es mi imaginación”. El poeta sabe hacer aparecer grande lo pequeño, en contraposición del político, que su mirada desconoce de horribles gigantes muy necios que son vencidos por enanos llenos de ingenio. El poeta, aunque mire por el microscopio o por el telescopio, ve siempre la misma cosa.

Sin ser poeta, Barcelona me produce una sensación de ciudad trampa, para los visitantes, y por supuesto para los que pueden sobrevivir en su espacio.

Los concursos urbanísticos, con engaño, o sin ellos, quieren destilar la idea, que algún genio idea un urbanismo a la vez hermoso y útil para la población. Esconde que la apariencia solitaria del inventor; requiere estímulos de otras mentes preocupadas de los mismos problemas, pero no necesariamente altruistas, para algunos, o para todos.  En Expertos culturales e intervención social, artículo de Enrique Jaramillo Buenaventura (2008), señala que el antropólogo Evans-Pritchard, menciona: “No hay ningún impedimento para aplicar los conocimientos antropológicos a la resolución de problemas prácticos, siempre y cuando se fuera consciente de que a partir de este momento ya no se estaba más en el campo de la antropología, sino en el campo de lo no científico, de la administración” (Jaramillo, 2008: 268). Esta afirmación da luz sobre la dificultad que existe cuando la administración permite que diversas disciplinas confluyan para conseguir su fin propuesto. Los técnicos al estar insertados y contratados por la administración, caen en lo que Foucault, llamaba “cuerpos dóciles”.   Esta disyuntiva es inherente también a la antropología ya desde sus inicios como disciplina, cuando las potencias coloniales contrataban a los antropólogos, para que los colonizados transitasen de la forma menos agresiva, para las necesidades del colonizador. Hay suficiente recorrido histórico para saber el poco margen, que deja el marco político, institucional vigente, en las grandes remodelaciones urbanísticas, por muchas disciplinas que confluyan en la misma.  De ahí, la extrema dificultad que tiene la antropología, para poder guiar un urbanismo al servicio de las personas.

Si el urbanismo pretende configurar la manera de conformar la relación entre las personas y proporcionar riqueza a la ciudad. Choca en la imprevisibilidad, no solo por los trayectos históricos, en el que la economía, la sociedad, y la estructura política, se relacionan en una constante que suele ser caótica.

El urbanista tiene un reto imposible, ya que lo urbano resulta impredecible.  Tal y como lo recuerda el pertinente comentario de Facundo Beraudi (2004), en su documental Pelayo 36, en el momento en que coloca una filmadora en el balcón para capturar y refleja el movimiento de las personas: “¿Se puede conservar la dignidad obedeciendo?”

A Barcelona,

Duda de que las estrellas tengan fuego.

Duda de que el sol se mueva.

Duda si la verdad no es mentira.

Pero que yo te amo, no lo pongas en duda.

Hamlet, II, 2


Bibliografía:

Jaramillo, Enrique (2008). Expertos culturales e intervención social: tensiones y transformaciones en antropología aplicada. Revista CS, Universidad ICESI, 2, pp. 265-285.

Beraudi, Facundo (2004). “Pelayo 36 o la lógica del Anthropos”. Cortometraje documental.


Ensayo escrito por Enrique Vivanco Fontquerni como trabajo final del curso «Urbanismo como discurso. Enfoques alternativos para resignificar la praxis».

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