La toma del Puente Mariano Moreno por colectivos feministas en Cuenca-Ecuador

 

Instalación por el día de la no violencia hacia la mujer. Cuenca-Ecuador, 25 de noviembre del 2020. Fotografía: Rafael Idrovo Espinoza

Al momento de analizar las relaciones entre lo social y el entorno construido, algunas investigaciones parten del cuestionamiento a proyectos de revitalización urbana y de aproximaciones críticas a las normativas que regulan los usos del espacio público (Navas, 2019; Giglia, 2017; Delgado, 2004; Gonzáles, 2016; entre otros).  Dichos análisis, han abordado este asunto trazando una clara ruta de reflexión, que parte de un tono crítico a lo institucional para después llegar al entendimiento de lo urbano. En este ensayo se realiza el camino el inverso, planteando la siguiente pregunta: ¿cómo se puede entender la producción del espacio partiendo de la sociabilidad para luego llegar a la crítica de lo institucional? Para responderla, se propone como caso de análisis los hechos suscitados en el Puente Mariano Moreno entre septiembre de 2020 y marzo de 2021, cuando el movimiento feminista se tomó este emblemático punto de la ciudad de Cuenca-Ecuador, para protestar por los derechos de niñas y mujeres.

El once de septiembre del 2020, un grupo de activistas se concentró en las escalinatas del Parque de la Madre con motivo del día por la Acción Global por el Aborto Seguro y Legal. Durante esta manifestación, las paredes blancas del icónico puente Mariano Moreno, se llenaron con mensajes en apoyo a la legalización del aborto (hay que señalar que Ecuador es de los pocos países de la región que aún penaliza el aborto, incluso en casos de violación. Aunque el veintiocho de abril de 2021 la corte constitucional del Ecuador aceptó los pedidos de inconstitucionalidad solicitados por  organizaciones que velan por los derechos de las mujeres y se estima que puede pasar alrededor de un año hasta que la reforma al Código Penal se oficialice).  Las reacciones de rechazo que circularon en redes sociales ante estos actos, no se hicieron esperar. A las pocas horas, la municipalidad encargó pintar de blanco los muros afectados, y como contrarréplica, el movimiento feminista volvió a escribir en la pared: «a las niñas las obligan a parir, a mí me pintan y ya está».

Manuel Delgado explica cómo, desde la perspectiva de la planificación, la ciudad es concebida como un producto legible, es decir, que la morfología de la ciudad se organiza bajo las directrices de un discurso que la dota de legibilidad: “los territorios en que una ciudad puede ser dividida han sido generados y ordenados justamente para posibilitar su lectura, que es casi lo mismo que decir su control” (Delgado, 2004). Los discursos patrimonialistas que se suscitan en los contextos de protesta social, tienen una condición muy similar. En este caso, el patrimonio arquitectónico es concebido como un elemento embellecedor de la ciudad: Cuenca Patrimonio o la Atenas del Ecuador, es el ámbito en donde radica una ideología aristocrática reproducida en los discursos defensores del ornato de las paredes, calles y gradas de la zona histórica. Asimismo, el accionar de la municipalidad, al pintar las paredes para restablecer el color blanco original, no buscaba más que dar a la ciudad una grata apariencia de orden.  Lo que en palabras de Jane Jacobs, vendría a representar: hacer de la apariencia de las cosas el propósito principal del urbanismo (Jacobs, 2011). Es así, como el grado de legibilidad para ejercer el control social desde la planificación urbana se devela en la gestión patrimonial y su afán para proteger y reproducir el sentido estético bajo el criterio de las clases dominantes: lo bello es lo blanco.

Durante la celebración del bicentenario de Cuenca (en la primera semana de noviembre de 2020), se perpetraron seis femicidios en el Ecuador. Una de las víctimas fue Maribel, quien fue violentamente asesinada por las ciento trece puñaladas que recibió de su ex pareja (Ordóñez, 2020). El cinco de noviembre, el puente concentró nuevamente la indignación de las activistas, quienes, en señal de protesta, montaron una instalación con carteles, flores y velas en memoria a todas las muertas. Aun así, la opinión pública generalizada en redes sociales, aludía exclusivamente a la indignación que manifestaron los sectores sociales defensores de la pulcritud de los muros blancos de la imagen de Cuenca como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Incluso, uno de los concejales de la ciudad, había expresado en su Twitter que ordenaría colocar cámaras frente al puente para identificar y capturar a los perpetradores de aquellos “actos vandálicos”. La mañana del seis de noviembre, las paredes del puente habían sido nuevamente pintadas de blanco, y los restos de la instalación como símbolo de protesta fueron amontonados en un rincón. Prontamente, la preocupación por los femicidios se disipó, dando por entendido que en la ciudad de Cuenca la vida de las mujeres puede importar un poco, pero los muros importan mucho más. De ese día, quizá haya quedado en la memoria de alguien el mensaje grabado en las paredes recién pintadas: “Ahora devuelvan a las muertas”.

El veinticinco de noviembre de 2020, día internacional de la erradicación de la violencia hacia la mujer, el Puente Mariano Moreno ya era en un símbolo de la protesta feminista. Las autoridades que hicieron público su rechazo a las intervenciones de las y los activistas, se vieron obligadas a modificar sus discursos, y en esa coyuntura, el alcalde expresó su voluntad política de conservar el puente de color morado, así como de exhortar al Departamento de Área Históricas del Municipio a realizar un informe vinculante, para dejar sentada una placa y éste color como símbolo feminista del puente ahora llamado “Vivas nos queremos”.

La toma del puente por parte de los movimientos feministas, podría entenderse como aquella dimensión propia de los espacios de representación o espacio vivido, que integraría la división tríadica del espacio que propone Henri Lefebvre, en tanto que espacio “que la imaginación desea modificar y tomar” y que “recubre el espacio físico utilizando simbólicamente sus objetos” (Lefebvre, 2013). Por otra parte, la apropiación del puente como acto de protesta, desenmascaran la falacia del determinismo espacial que considera que los proyectos de revitalización urbana, pueden incidir de manera directa y lineal en la sociabilidad urbana (Giglia, 2017). La lucha feminista en Cuenca, vendría a ser un ejemplo de lo contrario, es decir, cómo desde el espacio vivido se pueden generar cambios en el espacio físico y a partir de estos, incidir en el discurso de las autoridades políticas de una ciudad para modificar aspectos relevantes en su administración, y así, dar legitimidad institucional a la modificación de las condiciones materiales de una ciudad: como el color del puente.

El seis de marzo de 2021, las paredes del puente fueron intervenidas con mensajes de odio hacia las feministas y también fue destruida la placa conmemorativa de las víctimas del femicidio; en su lugar, apareció un afiche de “se busca” con la fotografía de una de las activistas más visibles del movimiento. Este ataque al puente se perpetró al día siguiente de hallado el cuerpo sin vida de otra víctima de femicidio (Pazán, 2021), y a dos días del ocho de marzo cuando se conmemora el día internacional de la mujer.

Estos hechos demuestran que el Puente Mariano Moreno, lejos de ser un territorio dispuesto para la homogeneidad funcional como canal de circulación peatonal, es continuamente condicionado por el conflicto social como factor inherente a la producción del espacio urbano.  A pesar de los esfuerzos institucionales por sostener la falacia de la belleza y el ornato como el lado opuesto al conflicto, el impulso de la vida urbana siempre se impone, alterando la legibilidad hegemónica de las paredes blancas de la Atenas del Ecuador.


Bibliografía:

Delgado, M. (2004). De la ciudad concebida a la ciudad practicada. Archipiélago: Cuadernos De Crítica De La Cultura, (62), 7-12.

Giglia, A. (2017). Espacios públicos, sociabilidad y orden urbano. Cuestión Urbana, (2), 15-28.

Jacobs, J. (2011). Muerte y vida de las grandes ciudades (2nd ed., pp. 29-52). España: Capitán Swing Libros.

Lefebvre, H. (2013). La producción del espacio (1st ed., pp. 96-104). Madrid: Capitán Swing.

Navas, G. (2019). La regeneración urbana implementada en Guayaquil y Barcelona. Bitácora, (3), 91-100.

Ordóñez, B. (2020). ¡Ahora devuelvan a las muertas!. El Telégrafo. Retrieved from https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/sororidad/1/ahora-devuelvan-a-las-muertas

Pazán, C. (2021). ‘Cuenca Facha’ es el mensaje que pintaron en puente Mariano Moreno. Nuevo Tiempo. Periodismo Digital.. Retrieved from https://www.elnuevotiempo.com/cuenca-facha-es-el-mensaje-que-dejaron-pintando-en-puente-vivas-nos-queremos/


Ensayo de Verónica Farfán como trabajo final del curso Método etnográfico para la investigación proyectual

Verónica Farfán-Durán.  Antropóloga por la Universidad Politécnica Salesiana, Quito: Campus El Girón. Ha trabajado en proyectos de investigación sobre ciudad en la Universidad de Cuenca, y también en patrimonio cultural con la Universidad Católica de Cuenca. Actualmente es aspirante a Arquitecta por la Universidad Católica de Cuenca, cursando el noveno nivel.

Texto editado por: Gabriela Navas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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