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Género y producción del espacio

Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Anónimo hace 5 meses, 2 semanas.

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    Anónimo

    Si hace un par de años me hubieran preguntado si era feminista, habría dudado al responder. Seguramente habría dicho tímidamente que me sentía afín al movimiento, pero no había leído sobre el tema ni me había preocupado mucho por entender qué significaba. Mi familia me educó con ciertos valores feministas, pero nunca en casa se discutió sobre feminismo (como sí se hizo con otros planteamientos y movimientos sociales y políticos) ni con mis amigos nunca hablé de ello. Ahora, con 25 años sé que me queda mucho por aprender y leer, pero innegablemente me siento feminista en el sentido más radical posible. No hace falta mencionar que con las noticias que recibimos cada día una no puede sino posicionarse y sumarse a una lucha que lleva siglos intentando poner sobre la mesa –y luchando en la calle– derechos y valores fundamentales para las mujeres y cualquier sexualidad disidente. En estos últimos años, parece que la lucha está ganando terreno en la esfera pública (hay quien dice que estamos en la cuarta ola feminista) gracias también a la difusión de los contenidos, debates y escritos a través de las redes sociales. Mi interés y posicionamiento viene en gran medida determinado por este último fenómeno y por mi creciente curiosidad por el espacio público y las prácticas comunes.

    En junio de este año, tras acabar el Máster en Diseño de Servicios en la universidad de Aalborg en Copenhague, Dinamarca, descubrí, gracias a la tesina, mi interés por las ciudades, por la antropología urbana y más concretamente por el tema de los espacios comunes.
    Pese a que desde el que considero mi campo de estudio, el diseño, se han instrumentalizado temas como el derecho a la ciudad de H. Lefebvre u otros términos en boga relacionadas con las ciudades (como ya se mencionó en la tercera sesión de este curso) y se ha hecho una lectura más bien pobre, superficial y claramente estratégica que ha terminado legitimando ciertas decisiones sobre qué hacer con determinados espacios, reformas urbanas y/o procesos de participación ciudadana, imponiendo estrategias y favoreciendo los intereses urbanísticos del sector privado y de la administración.

    Con estos dos campos de interés, por un lado el feminismo y los discursos de género y por el otro la construcción y producción de los espacios, me acerqué a este curso de Antiarq, que aunaba ambos temas. Las cuatro sesiones me han parecido de gran interés y relevancia –aunque se me hayan hecho cortas– y quería resaltar particularmente las últimas dos sesiones. La tercera por mi interés académico y profesional y la última por mi desconocimiento sobre el pensamiento geográfico feminista descolonial.

    Durante las sesiones, intentaba trasladar el contenido que se explicaba a mi experiencia personal como mujer, y ver cómo conceptos como el uso del espacio público o privado, mi género, mi infancia, y mi contexto habían atravesado mi cuerpo y lo habían condicionado. Como mujer, he experimentado desde pequeña los aspectos que María Rodó mencionaba en la primera sesión. Miedo a caminar sola por las noches cuando volvía a casa, atenta de tener el móvil cerca y las llaves preparadas dentro la chaqueta. La mirada masculina desde los doce o trece años que regula, limita y determina el acceso al espacio público y privado e incluso puede determinar la propia autoestima. O la violencia sexual y las relaciones de pareja que he tenido también se han visto condicionadas por los valores patriarcales, domesticando y limitando mi propio deseo. Como bien se ejemplificaba en la segunda sesión, desde muy pequeñas somos sometidas a este tipo de regulaciones, no sólo sociales sino también espaciales. Por supuesto, en mi caso, el hecho de ser blanca y occidental elimina muchas de los opresiones que explicaba María Rodó en los Relief-Maps, y por este motivo, abordar la opresión desde un solo marco es un error como bien se decía en referencia a la interseccionalidad en la última sesión.

    Quería terminar agradeciendo de nuevo a Gabriela Navas por organizar este curso, a las ponentes María Rodó de Zárate, Dafne Saldaña Blasco y Sofia Zaragocin Carvajal por sus intervenciones e interesantes aportaciones.

    Tania Cearreta

     

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